• Gustavo Estrada

Tengo que ser siempre el mejor. Mejor que nadie más.



"Tengo que ser siempre el mejor. Mejor que nadie más". Así inicia el opening latino de la primera temporada de Pokémon de 1997. En el anime encontramos a Ash Ketchum, un niño de 10 años que sueña con ser Maestro Pokémon. Encontramos que Ash es un niño motivado, decidido, con mucho valor y determinación, pero llega a ser muy confiado al punto de llegar a ser arrogante y obstinado.


En muchas batallas Pokémon entra de forma impulsiva, poco reflexiva y repitiendo que él es el mejor entrenador del mundo, sin entender que aún le falta mucho por aprender y que ese aprendizaje nunca terminará. Sin embargo, a medida que avanzan las temporadas del anime encontramos que desarrolla un enfoque más balanceado, deja de lado la arrogancia y adopta una posición de aprendiz humilde, lo que le permite después de 22 años y 1080 episodios convertirse en un Maestro Pókemon al coronarse como campeón de la región de Alola. Para después, seguir aprendiendo y creciendo.


¿Por qué Ash era tan arrogante al inicio?


Este fenómeno, no exclusivo de entrenadores Pokémon, creo haberlo mencionado antes, es el efecto Efecto Dunning-Kruger. En psicología social se define como un sesgo cognitivo en virtud del cual los individuos incompetentes tienden a sobreestimar su habilidad, mientras que los individuos altamente competentes tienden a subestimar su habilidad en relación con la de otros. En muchas ocasiones se grafica de la siguiente manera:


Hay que entender que es un fenómeno que ocurre en todas las disciplinas y como siempre menciono, la Educación Canina no es la excepción. Conviene entender que es un proceso por el que todos hemos pasado en algún momento.


Mi historia


Recuerdo en mis inicios como educador canino cuando pensaba que podría independizarme del grupo con el que trabaja y que lo haría mejor que mi profesor... hoy día me doy cuenta de lo equivocado que estaba y de lo mucho que tenía (y aún tengo) que aprender. En aquel momento me creía mejor educador, criticaba fuertemente el trabajo de quien era mi jefe/profesor. La caída del Monte de la Ignorancia al Valle de la Desesperación fue dura, pero nutritiva.


Unos diez años después de ese momento, puedo darme cuenta que lo peor que me pudo pasar en aquel momento era encontrarme con personas que me apoyaran ciegamente, me aplaudieran y pensaran que si era el mejor entrenador del mundo.


Analizándolo en restrospectiva, me hubiera gustado encontrarme con personas que me pusieran a pensar, que hubieran introducido una pregunta como: "Oye, ¿no crees que Rafael Angel (mi profesor), en sus decenas de años de experiencia y formación continua hace lo que hace porque ha ido curando su técnica, y tu como joven aprendiz, en vez de criticar deberías seguir aprendiendo sin cuestionar a otros?". Cuanto me hubiera ayudado a no caer tan duro del Monte de la Ignorancia.


Recuerdo haber tenido discusiones pasionales con mis colegas, sólo para darme cuenta que estaba encerrado en la Ley de la controversia de Benford, la cual sostiene que la pasión asociada a una discusión es inversamente proporcional a la cantidad de información real disponible.


Es por esto que no vemos a gurús atrapados en discusiones bizantinas emocionalmente cargadas, los grandes maestros en la Educación Canina mantienen un enfoque balanceado, llevando un ejercicio de la profesión focalizado en sus clientes y sus resultados. No necesitan hacer ataques pasionales a otros. No tiene que demostrarle nada a nadie. No se creen mejores que otros.


Como cliente, dueño de perro o usuario de redes sociales, haznos un favor a todos y la próxima vez que veas a un Educador Canino actuando como Ash en la primera temporada, no lo aplaudas, señala que el camino es largo y aún nos queda mucho que recorrer y aprender en un sendero que nunca termina. Por antipático que nos parezca al inicio, mucho lo agradeceremos algunos años después.




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