• Gustavo Estrada

La batalla contra los espantapájaros



La falacia del hombre de paja o del espantapájaros consiste en distorsionar, mal interpretar (intencionalmente) o modificar el argumento de otro con el fin de hacerlo más fácil de atacar.


Se remonta a tiempos en donde los soldados practicaban los combates contra hombres de paja los cuales, obviamente, no pueden contraatacar, se diseñan de manera tal que sean inofensivos ante el ataque del soldado que práctica.

Consiste en la "construcción" de un hombre de mentira que se parezca a eso que queremos atacar. El hábil artesano de la paja es capaz de ponerle cabeza, brazos, ojos, altura y otros detalles para que se asemeje lo más posible a aquello que queremos atacar, ¡pero que no nos pueda atacar de regreso!.


El artesano de la paja puede construir su muñeco como desee, incluso agregarle características que pueden no estar relacionadas en la realidad pero que, si facilitan al soldado a atacar con facilidad, son bienvenidas.


El bando aliado en la segunda guerra mundial construía muñecos representando a los soldados de la potencial del eje y les dibujaban un tipo de bigote, que facilitaba las ganas de atacar al muñeco, pero que no representaba la verdadera realidad del campo de batalla, en donde, sumamente pocos soldados del eje usaban un bigote tipo toothbrush.


¿Esto que tiene que ver en Educación Canina?


No demora mucho tiempo entrar a las redes sociales, seguir educadores caninos y encontrar muy rápidamente en publicaciones, campañas y textos en donde se construyen hombres de paja con características forzadas, sugiriendo una asociación de elementos que pudieran no estar relacionados en la realidad.


Pongo el ejemplo de algunas publicaciones que me he encontrado en IG:


  1. Pintando un bigote toothbrush donde no va. Se ve en la imagen un perro con un lenguaje verbal claramente de miedo, cerca del perro un puño humano enmarcado en una línea roja gruesa. Alrededor flotan textos como "Enséñale quien manda", "Tu perro no te respeta", "Un golpe y se le quita". Las siguiente imágenes del carrusel nos invitan a pensar en que los golpes entre niños es agresividad, un golpe de niño a adulto es hostilidad, un golpe entre adulto y adulto lo llamamos violencia (claramente se construyendo una falacia de la pendiente resbaladiza), hasta llegar a la reflexión de si un adulto golpea a un perro le llamamos ¿adiestramiento?. Hasta allí todos podríamos estar claros y de acuerdo. Sin embargo, la imagen muestra a dos perros siendo golpeados con diarios, pero también en la imagen aparece un collar electrónico y un collar de pinchos, aquí está nuestro hombre de paja. La forma en que es construida la publicación permite se critiquen dos herramientas bajo la misma lógica que se criticarían los golpes físicos. Cuando en la realidad, no operan de la misma manera. He mencionado ya varias veces, el trabajo de educadores como Tyler Muto o Michael Ellis, que muestran claramente como un e-collar o un prong collar están lejos de ser usados en la misma lógica de golpearle al perro. Es la construcción de un hombre de paja para atacarlo sin que nos pueda atacar de regreso.

  2. Confunde y reinarás. Otra publicación buscaba "informar" sobre el bienestar animal y empieza con la definición de técnica aversiva para luego hacer referencia a que es un método y que consiste de ciertas herramientas. Le escribí para comentarle que entiendo el objetivo de su publicación pero que había una confusión entre métodos, técnicas y herramientas. Sin embargo, error mío intentar argumentar a través de un comentario de Instagram, ya que al final hubo comentarios míos que ella borró. Sin embargo, el cómo se cierra la vista ante ciertos aspectos de la realidad y la facilidad de "cancelar" todo aquello que no nos gusta es tema de otro artículo. Ahora bien, la confusión deliberada entre métodos, técnicas y herramientas, es una falacia del hombre de paja, al ponerlos todos en el mismo nivel, de forma indistinta, la argumentación de ir en contra de las herramientas es más coherente, aunque no deja de ser una conclusión errada a través de argumentos falaces. Aclaremos aprovechando la instancia ya que seguramente mi colega no lo hará: Método: modo ordenado y sistemático de proceder para llegar a un resultado o fin determinado. Técnica: conjunto de procedimientos que se usan en una actividad determinada, en especial cuando se adquieren por medio de su práctica y requieren habilidad. Herramienta: objeto fabricado, simple o formado por una combinación de piezas, que sirve para realizar un trabajo o actividad Dos ejemplos y entenderemos la diferencia. Método: adiestramiento canino tradicional. Premisa: basado en la autoridad, liderazgo y poder del dueño. Técnica: castigo positivo (presentar un estímulo que produzca una disminución del comportamiento) Herramienta: collar de ahorque. Método: adiestramiento en positivo. Premisa: basados en el bienestar del perro sin someterlo a displacer. Técnica: refuerzo positivo (presentar un estímulo que produzca un aumento del comportamiento) Herramienta: comida. Salvando la sobresimplificación realizada en los ejemplos. Podemos ver las diferencias entre estos tres conceptos y como no son iguales. La técnica no determina la herramienta, presentar un estímulo que produzca una disminución de una conducta se puede hacer con: nuestra voz y actitud de enojo, rociando agua en la cara del perro, dándole un golpe a puño cerrado en la cabeza y accionando un prong collar, entre muchísimos otros. Del mismo modo presentar un estímulo que produzca un aumento del comportamiento podría hacerse con: nuestra voz y manos, entregando comida, lanzando una pelota o dando unas palmadas en los cuartos traseros. Por lo tanto podríamos encontrar un adiestrador tradicional, usando castigo positivo positivo con la herramienta de su propia voz. Podemos encontrar un adiestrador en positivo, usando la técnica de refuerzo positivo con la herramienta de lanzarle agua en la cara al perro.


Los molinos de viento


Ya había señalado en otro lugar la quijotesca batalla se libra en torno a... no sabría puntualizar contra que batallan, pero para efectos de darle sentido a la publicación diremos: la batalla contra el maltrato animal.


Y es que, allí encontramos muchísimos proponente de todas las áreas de la educación canina que están de acuerdo contra el maltrato animal. Sin embargo, es la definición y operaciozacionalización del concepto en donde deberíamos centrar los esfuerzos. No obstante, se siguen librando batallas absurdas contra un enemigo de paja poco claro porque ya sabemos que:

  1. No es la herramienta, la herramienta per se no es algo que se pueda atacar porque los argumentos absolutos al respecto no se sostienen. Es posible ver perros con ahorcadores que no están ahorcados o perros con e-collar sin quemaduras en la piel o trabajando por miedo.

  2. No es la técnica, porque la técnica per se no es algo malo, en términos de técnica, es castigo positivo tanto accionar un ecollar como tirar de la correa o como usar nuestra mano para frenar al perro de que avance. Ah!, que podrías ser un tema de intensidad del estímulo, quizás, pero es es OTRA discusión, no es la técnica per se.

  3. ¿Será entonces el factor humano? ¿Un humano inexperto con una técnica y herramientas no apropiadas son los que realmente hacen maltrato animal?. De ser así tendríamos que encontrar ejemplos en donde otro humano con la misma técnica y herramienta no este generando maltrato. Y allí encontramos cientos de miles de ejemplos.

Por lo que, para evitar la quijotesca batalla contra hombres de paja, deberíamos volver a sentarnos en la mesa y conversar sobre una válida y sólida definición de maltrato animal en perros (que no existe aún) y posteriormente abordar el tema del "mal" uso de las técnicas y herramientas.


Oye!!!, me dijeron cuando leían el post... ¿Gustavo, un perro con la presión intraocular altísima debido al uso de un collar de ahorque, no te parece que es claramente maltrato animal? .


En primer lugar, OBVIO que es maltrato animal, la sola formulación denuncia la incapacidad de comprender de lo que planteo. Y ante la pregunta no me quedaría en un reduccionismo fanático del tipo "¡Si!, ¡los collares de ahorque malos!, deberíamos tomarlos todos y fundirlos para hacer muletas para los necesitados". Sino que, abriendo el espectro plantearía:

¿Qué hace ese perro con un ahorcador? ¿porqué se le indicó? ¿quién lo indicó? ¿se habrán evaluado otras opciones con anterioridad? ¿al momento de indicarlo estaba el cliente informado de los pro y contra de la herramienta?


Y lo más probable es que la reflexión nos lleve a la conclusión que fue una mala indicación bajo una mala comprensión del problema a resolver.


Ahora con esa realidad en frente ¿Qué propondremos?


¿Satanizamos la herramienta y nos movemos con las intenciones de que sean prohibidas a cabalidad o nos orientamos más bien en brindar espacios de reflexión y formación para dueños y profesionales en donde se entienda que NO es la herramienta NO es la técnica sino una mala indicación bajo una inadecuada comprensión?.


Dejemos de pintar bigotes donde no hay y empezar a construir un debate que de verdad sea enriquecedor partiendo del punto en donde todos coincidimos: el bienestar del perro (y del dueño).


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