• romanalbertourruti

En defensa del adiestramiento balanceado

Actualizado: 29 abr 2021


Introducción


Actualmente sabemos que en muchos aspectos de la vida se ha notado el aumento de tribalización en los comportamientos sociales, hipersensibilización e irritación en personas con puntos de vista opuestos en distintos tópicos. Blogs y redes sociales como Youtube, Instagram, Twitter y Facebook son los canales fundamentales en los cuales se distribuye la información, y aún cuando gracias a estos canales podemos tener acceso ilimitado a conocimiento, que jamás habríamos podido tener en el pasado, las redes sociales también se han convertido en cámaras de eco en las cuales nosotros consumimos contenido parcial o que se adapta a nuestra manera de percibir el mundo, según los algoritmos de las mismas, y también haciendo uso del baneo, el bloqueo o simplemente dejando de seguir lo que no nos gusta. Este fenómeno de alguna manera impide la comunicación, aumenta la polarización y reduce la capacidad de ser objetivos. La industria canina no es la excepción


Un poco de historia


En el siglo XX, el psicólogo y conductista Burrhus Frederic Skinner desarrolla lo que conoce como condicionamiento operante. La cual, según nuestra querida Wikipedia, es una teoría del aprendizaje mediante la cual un sujeto tiene más probabilidades de repetir las formas de conducta que conllevan consecuencias agradables y menos probabilidad de repetir las que conllevan consecuencias desagradables. Skinner divide estas consecuencias en 4 cuadrantes:

Refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo positivo y castigo negativo.

Un refuerzo hace referencia a un estímulo que hace que un comportamiento sea más probable que se repita y un castigo a un estímulo que hace que un comportamiento desaparezca. El adjetivo “positivo” hará referencia a que ese estímulo se añade y “negativo” a que ese estímulo se retira.

Si quieren profundizar en entender cómo funciona cada uno pueden ver este video:



Históricamente, el adiestramiento canino nace de manera un poco más formal con cuerpos militares y policiales en los cuales el método que se conocía para lograr un perro obediente era mediante técnicas de compulsión o escape/evitación basados principalmente 2 cuadrantes: el castigo positivo y el refuerzo negativo, a este tipo de método se le conoce como adiestramiento tradicional.


Durante los años 80 y 90 nacen los métodos de adiestramiento basados en los otros 2 cuadrantes: refuerzo positivo y castigo negativo. Estos métodos surgieron de la idea de aplicar los mismos sistemas de entrenamiento utilizados en delfines y animales acuáticos de los cuales no se podía tener control físico y por lo tanto no podría aplicarse ningún tipo de compulsión o aversivo mediante fuerza física, lo cual derivó en su aplicación en perros y en el posterior debate sobre cuál es la manera más apropiada para entrenarlos, convirtiendo a los métodos basados en refuerzo positivo en una verdadera revolución al ver los fantásticos resultados que se logran sin necesidad de incomodar al perro y por el contrario aumentando su motivación y vinculación con el dueño o manejador (a todas éstas a nadie le gusta hacer sentir incómodo a su perro). Con el tiempo su crecimiento ha sido exponencial, apoderándose de escuelas de adiestramiento, universidades, especialidades como la etología y organizaciones de bienestar animal. Sinceramente con muy buena razón.


A pesar de estos excelentes resultados ciertos aspectos del trabajo en comportamiento canino (de los cuales hablaremos más adelante) se ven limitados con el trabajo del adiestramiento de refuerzo positivo exclusivo conocido como “Positive only” o “force free training”.

En este espacio intermedio nacen los “adiestradores balanceados” los cuales basan su trabajo en el uso de todos los cuadrantes anteriormente explicados como refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo positivo y castigo negativo. Un adiestrador realmente balanceado tratará siempre de trabajar en la mayor parte con métodos de adiestramiento en positivo sin descartar el uso de estrategias y herramientas aversivas que puedan ayudar a canalizar y cubrir los baches que no se puedan cubrir con refuerzo positivo. Es decir, el adiestrador balanceado utiliza a su favor todas las posibilidades que tenga a su disposición para ayudar a resolver el problema de comportamiento tratando de ser lo más ético y eficaz dentro de las posibilidades.


El beef


En los últimos años el deseo de conocimiento sobre adiestramiento y la educación canina al igual que su oficio ha ido creciendo, el interés de la gente sobre cómo resolver asuntos comportamentales del día a día con sus perros los llevan a buscar en internet y por supuesto como todo en la web sobra la información y la desinformación y ello conduce en algunos casos a malas prácticas en el mundo del comportamiento canino.


Con el avance de la popularidad de los métodos de refuerzo positivo fue avanzando también el aumento de la sensibilización cultural y la polarización que forma una característica de este Zeitgeist y por tanto una mayor influencia de la cultura de la cancelación dentro de la misma.


Esto ha generado la animosidad de parte de los adiestradores positivistas frente a cualquier otro método que no sea exclusivamente ese.


La discusión se centra principalmente en el rechazo del uso de herramientas como los collares de puntas, collares deslizantes o collares remotos. Esta línea de adiestradores o etólogos consideran que son innecesarios y que se pueden lograr resultados sin su uso pero no todo es blanco o negro y las variables que influyen en el comportamiento de un perro y su intervención son muchísimas. La gran mayoría de estas visiones suelen centrarse en el perro, su fisiología, su estado mental, su estado emocional, su percepción, y por supuesto su bienestar. Todos queremos que nuestros perros sean lo más felices posibles y que tengan una vida lo más agradable posible, no tiene sentido tener un perro si no es así. Evidentemente para todo profesional del mundo canino lo lógico es abordar su trabajo desde esta óptica, sin embargo en el mundo empírico hay otras aspectos que juegan un rol importantísimo y que de alguna manera son desestimadas y que en buena medida se centran en el dueño.


Algunos de estos profesionales apelan a la emocionalidad como recurso principal de la discusión y caen en trampas lógicas o aplicación de falacias argumentativas como Ad hominem: “Que va a saber ese tipo si es un torturador”, Ad Novitatem: “No confiaría en alguien que no esté actualizado o no conozca los últimos estudios”, Ad Populum: “Pero si todas las organizaciones y universidades indican que este método es lo mejor” y así otras tantas como Ad Numerum, la falacia del francotirador, falacia de falsa analogía, etc.


Instando a clientes y dueños de perros a no contratar sus servicios o incluso denunciarlos por maltrato. Este tipo de argumentación hace difícil la comunicación, los acuerdos, y planteamientos realmente objetivos y por supuesto es una práctica que reduce y desacredita al que es tildado y “eleva moralmente” al acusador puesto que al acusar automáticamente se hace libre de aquello que acusa, la cual es una característica de la Inquisición.


La ciencia dice…


Uno de los puntos de argumentación de los adiestradores positivistas o profesionales “force free” es que la evidencia científica respalda su posición y que las pruebas del efecto negativo de los estímulos aversivos en el bienestar de los perros es “abrumadora” además de que su eficiencia y efectividad tampoco ha demostrado ser superior científicamente. Dentro de este argumentos se suele apuntar que los adiestradores balanceados no están actualizados, no trabajan basados en fundamentos científicos o que no son capaces de leer los últimos papers sobre estos temas porque si así fuera estarían de su lado.


Pero, todo profesional canino DEBE basar sus estudios en ciencia. Debe tener conocimientos de psicología, fisiología, anatomía, y comportamiento animal. Eso es para todos, la formación es exactamente la misma, por lo que todos técnicamente manejan la misma “ciencia”.


Ahora, cuando hablamos de papers y estudios científicos ciertamente nos encontramos con un gran número de papers de estudios sobre el comportamiento canino que avalan esta visión de la intervención y el trabajo con perros. Todos respaldados por universidades importantes como la Lincoln University (UK), La Universidad Do Porto (Portugal) La Universidad de Edimburgo o la Universidad de Bristol (UK), entre otras. Sin embargo, no siempre estos profesionales que usan los papers como arma hilan fino o van más allá de la introducción, el abstract o las conclusiones de estos estudios.

Por supuesto no hay nada más reconfortante que arrojar datos científicos que refuercen nuestra visión de las cosas.


Los mismos investigadores suelen repetirse en estos estudios, Ana Catarina Vieira de Castro, Anna Olsson, Emily Blackwell, Zazie Todd, Gal Ziv o Karen Overall, que en cuyo caso ésta última es una abierta defensora de las campañas en contra de herramientas aversivas, y sabemos que en las ciencias sociales pueden existir sesgos cognitivos que afectan el curso y la interpretación de los resultados de sus estudios, es por ello que para aquellos que estudian ciencias exactas no consideran ciencias verdaderas a las ciencias sociales debido precisamente al componente humano y los prejuicios que puedan afectarla.


Al analizar en detalle estos estudios hay aspectos importantes que se repiten, como por ejemplo que estos estudios se ejecutan en el cuadro del entrenamiento en obediencia. Es muy poco probable encontrar en estos días escuelas tradicionales o que enseñen solamente a punta de aversivos y menos aún en parámetros de obediencia, todos sabemos que la mejor manera de enseñar a un perro comportamientos específicos es mediante técnicas de refuerzo positivo que ya nadie debate. Esto ya por sí solo elimina, a ojo, el 80% del punto a debatir y de los materiales y métodos de estos estudios.

Otro aspecto relevante a cuestionar es quela gran mayoría de estudios referentes a problemas de comportamiento están basados en encuestas a dueños de perros, no experimentos observacionales, y dentro de esta última categoría tampoco hay tantos en los cuales los investigadores u observadores estén directamente en el campo. En buena medida estas encuestas comparan métodos positivos contra estos “métodos aversivos” y sus resultados, no obstante dentro de la misma bolsa se incluyen: gritos, golpes, patadas, alpha rolls, sacudidas del hocico, sujeciones del pescuezo, etc… lo podemos encontrar en estudios como Herron et al. (2009), Arhant et al. (2010). pero esto no es lo que un adiestrador balanceado hace, eso es derechamente maltrato.


OBVIAMENTE si incluimos estas prácticas los resultados no van a ser nada buenos y el número porcentual de problemas que ello trae sería considerablemente superior a aquellos métodos en los cuales no esté incluido este tipo de prácticas. A todas estas ¿QUIÉN EN LA TIERRA USA GOLPES Y PATADAS PARA ENTRENAR A SU PERRO?


Vale acotar, en este último estudio mencionado se encontró que la frecuencia de estos castigos aumentaban la posibilidad de respuestas agresivas pero también encontraron que los refuerzos positivos a comportamientos inadecuados también aumentaban altamente respuestas agresivas. Repito, no todo es blanco o negro.


Dentro de los métodos utilizados para evaluar los niveles de estrés del perro se utiliza la medición de cortisol antes y después del entrenamiento así como la observación de señales de estrés en el lenguaje corporal. Actualmente se sabe que el cortisol en sangre no solo mide los niveles de estrés sino que puede también reflejar altos estados de excitabilidad o “arousal” como se le conoce en inglés por lo que realmente no es un medidor confiable y la observación del lenguaje corporal también puede llevar interpretaciones erróneas, esto hace compleja la medición e interpretación de los resultados y las variables que juegan ahí, que por lo demás en GRAN parte de estos estudios no se encuentran diferencias de SIGNIFICANCIAS CLÍNICAS sino SIGNIFICANCIAS ESTADÍSTICAS ¿qué quiere decir esto? La significancia estadística nos indica que tan probable es que un resultado se pueda explicar por el azar. La significancia clínica, por otro lado, nos dice cuán importante es del punto de vista clínico un determinado efecto. Es decir esto sirve para el papel, pero la diferencia no es relevante para la realidad.


En su último estudio del 2020 de Ana Catarina Vieira de Castro y compañía. Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare, explica:


“Además, nuestros resultados sugieren que la proporción de estímulos aversivos utilizados en el entrenamiento juega un papel más importante en los niveles de estrés del perro que las herramientas de entrenamiento específicas utilizadas.” Entiéndase que, aversivo puede ser cualquier estímulo que el perro considere desagradable, habrá perros que puede ser un aversivo un chorro de agua y habrá otros que les encante y sea más bien un refuerzo, y la frecuencia de ese estímulo aversivo es lo que pudiera generar mayores niveles de estrés, no necesariamente el uso de herramientas.


Por último concluye:


“Finalmente, se deben considerar algunas limitaciones del presente estudio. En primer lugar, debido a que este fue un estudio cuasi-experimental en lugar de experimental, no podemos inferir una verdadera relación causal entre los métodos de entrenamiento y el bienestar del perro.”


¿Qué quiere decir esto?


Que aún cuando hay hallazgos que pueden arrojar algún tipo de luz no indican realmente que los métodos de entrenamiento sean la causa de un detrimento en el bienestar del perro, que además no queda muy clara la definición de bienestar ¿2 segundos de latencia de un comportamiento entre un método y otro indica que no hay bienestar?


Estos profesionales caninos al argumentar que hay una correlación entre una señal de estrés y el uso de una herramienta y que por lo tanto es el resultado del uso de la herramienta caen en la falacia Cum Hoc Propter Hoc, “Correlación no indica causalidad”.

Por último es importante acotar en este punto, el hecho que la academia respalde algo no significa que sea necesariamente así, la academia posee vicios y actualmente más que nunca, sesgos, ideologías y líneas que conducen el conocimiento hacia un lado que en gran medida impiden la objetividad y el verdadero conocimiento.


Un ejemplo de esto se halla en la experiencia anecdótica de William Atherton, adiestrador canino balanceado, dueño de la empresa Fenrir Canine Leaders. William cuenta que para poder arrojar luz desde el lado de esta línea de trabajo decidió realizar un Master en Ciencias Aplicadas al Comportamiento Animal con planes de continuar con un PhD, al llegar a la presentación de su trabajo de tesis presentó su título sobre La eficacia del collar de puntas en el adiestramiento canino y sus beneficios. El comité de Ética le impidió continuar con el proyecto, por lo que William abandonó sus estudios de Máster, debido a que la universidad no permiten probar su hipótesis y su punto. Luego se dió cuenta que la balanza académica estaba del lado de los adiestradores basados en recompensas por estos mismos sesgos. Así que si no hay evidencias científicas sobre los beneficios de este tipo de herramientas no es porque no existan sino porque no se permite ser probado.


Ciencia es ciencia y se valoran sus hallazgos, pero se tiene que entender que hay una multiplicidad de variables que afectan el comportamiento del perro y en estas cosas el contexto es REY. Karl Popper indicaba que toda teoría puede ser falseada y la falsabilidad o refutabilidad es el segundo pilar del método científico. Esta establece que toda proposición científica debe ser susceptible de ser falsada o refutada

Por lo que el hecho de que la ciencia indique algo, no significa que esté escrito en piedra.



El pragmatismo y contexto


El punto más importante de la razón del uso de herramientas y sus beneficios vienen dados por contexto. ¿Qué pasa si el dueño tiene un estilo de vida complejo? ¿si sus recursos económicos son limitados? ¿Si no tiene red de apoyo?


Supongamos que para resolver un caso de agresión de un perro tome 7 meses, haciendo sesiones 3 veces por semana para ser lo menos invasivos posibles. No es lo mismo cómo lo enfrenta una persona con buenas finanzas y una agenda flexible que a una persona que gana un salario mínimo o intermedio con horario de mall.

La respuesta fácil podría ser “Bueno pero para eso que no tenga perro” o “Si no ibas a poder hacerte responsable para que lo adoptaste?” y así tan fácilmente como se dice fácilmente empezamos a ver los abandonos, los regalos, cambios de casa y en el peor de los casos eutanasias. El tiempo del dueño sí importa y sus finanzas también importan y ello conlleva a que no siempre se va a poder tomar “la ruta larga”, que por lo demás todos podríamos convenir en que esa ruta es lo ideal para el perro, ¡hey! incluso para el adiestrador! mas tiempo = mas dinero, ¿no? pero no todo es blanco o negro.


-Si ¡pero Román! igual se podrían lograr resultados rápidos con adiestramiento en positivo y sin utilizar aversivos en el perro, ¡no puedes poner el bienestar del perro por tomar el atajo!


Excelente mi querido Watson, en ese caso, si ves que lo estás logrando pues ¡sigue así! Pero si ves que no se está logrando y el cliente está en una situación compleja tal vez sea necesario probar una estrategia distinta en caso de que el contexto lo amerite, porque ya hablamos del factor tiempo/dinero, ¿cierto?


¿Y qué pasa también con variables físicas? a mi mismo me ha tocado lidiar con casos en donde el cliente NO PUEDE CON EL PERRO porque es muy grande, fuerte y necesita de un manejador grande y fuerte. Chicas de 58 kilos con un San Bernardo que pesa 80 kg y con una potencia enorme, o una abuela de 70 años con un Boyero de Berna cachorro con toda su energía y que en 6 meses pesa también 30 o 40 kg.

“Pero para que te compraste un perro de ese tamaño, es mejor que lo regales”


NO! perdón, pero esa no es la respuesta.


“Bueno pero igual se puede entrenar un perro grande con recompensas sin que se estrese”.


Si, obviamente y esa es la idea pero sabemos que a veces este método puede tardar un tiempo en que el perro aprenda a caminar sin tirar de la correa. Y durante ese tiempo mientras el perro aprende, ¿qué sucede? ¿no lo pasean? que contrate un paseador ¿y si vive muy lejos o no tiene para pagar un paseador? Estas variables a veces no se consideran y solo se apunta o se acusa al dueño.


En escenarios como estos es donde entran los collares de adiestramiento (puntas), que perfectamente puede ser de uso temporal hasta que aprenda y ya después no usarlo más. Sin embargo cuando está presente una diferencia de peso muy amplia entre el cliente y su perro siempre queda el riesgo de que si el perro vea una paloma, una ardilla o algún otro motivador que active su instinto de caza, tire con toda su fuerza y pueda dislocar el hombro del cliente, arrastrarlo o en el mejor de los casos solo escapársele (que igual podría terminar en atropello o extravío) y es por ello que tal vez pueda ser recomendado un collar de esta índole para cumplir una función similar a la de un cinturón de seguridad.


Si, UN CINTURÓN DE SEGURIDAD, porque el mecanismo es el mismo, solo se acciona en el momento en que el perro tira, de resto está ahí como cualquier otro collar.


En una carta escrita por el entonces presidente de la Asociación Internacional de Profesionales Caninos (IACP) Tyler Muto al Alcalde de la ciudad de Toronto indicaba que oara quiroprácticos veterinarios, el collar de dientes suele ser la herramienta preferida. Tome esta cita del Dr. Daniel Kamen, uno de los quiroprácticos veterinarios más respetados de la industria, de su libro The Well Adjusted Dog p24-27:


“El uso inadecuado de collares es la causa número uno de subluxaciones cervicales (cuello) en perros ... El collar plano es el tipo más común y puede ser peligroso si se usa incorrectamente ... No debe usarse para entrenamiento de obediencia… Un dueño frustrado que tiene dificultades para controlar a su mascota, halará al perro de tal manera que provocará una tremenda tensión de los músculos cervicales, produciendo subluxaciones "


Sobre los collares de puntas, escribe:


“La mayoría de la literatura sugiere que este es el collar de sujeción más efectivo y menos peligroso. El collar con puntas distribuye la presión uniformemente alrededor del cuello y requiere solo una pequeña cantidad de fuerza... La incidencia de subluxaciones cervicales superiores caninas es mucho menor con collar de puntas."


En este punto, se podría argumentar que un propietario puede simplemente cambiar a un arnés. Pero, el Dr. Kamen continúa:


“Aunque normalmente se piensa que los arneses son más suaves para el cuello, pueden ser duros para el pecho y las patas delanteras. Los arneses tienen poco valor de entrenamiento ".

En el libro Handbook of Applied Dog Behavior and Training, de Steven R. Lindsey, que es un libro de texto común en las clases de comportamiento animal. Lindsey comenta:


“Siempre que sea posible, deben usarse procedimientos basados en recompensas en lugar de castigos, pero a veces los efectos del castigo son simplemente más oportunos, confiables y duraderos que los resultados del refuerzo positivo por sí solo. Ciertamente, hay ocasiones en las que el castigo y otros procedimientos de entrenamiento aversivo simplemente no pueden evitarse, donde los procedimientos de castigo incluso proporcionan la base más efectiva para lograr el bien social de manera humana... Se necesita una actitud equilibrada e informada con respecto al uso práctico, mal uso y abuso del castigo "


Otra herramienta vilipendiada son collares remotos. Me ha tocado entrenar a clientes que viven en el campo y necesitan perros de pastoreo que trabajen con distancias absurdamente largas o que el perro no moleste a los caballos o a agreda a los otros perros, por supuesto en este contexto el perro no puede tener correa puesta, para ello necesitas una herramienta de comunicación remota y actualmente las tecnologías de collares remotos han llegado a altos estándares de sofisticación con niveles de estimulación sumamente bajos que aun poniéndolo en tu propio cuello no sentirías la descarga.


Además de esto, buena parte de estos collares traen incorporado otros sistemas como la vibración que se han hecho muy útil para la comunicación a distancia con perros sordos, sin tomar en cuenta que ciertas razas como aquellos dentro de la categoría de “gundogs” pueden desarrollar sordera selectiva cuando se enfrentan a estímulos que activen con demasiada fuerza comportamientos instintivos de caza y persecución. "Es que estás electrocutando al perro", ¿realmente lo estamos haciendo? los sistemas de collares remotos son sumamente parecidos a los de kinesiología, y es el mismo tipo de estimulación. ¿Entonces deberíamos prohibir estas tecnologías y a los kinesiólogos que la usan? ¿Nos están “electrocutando” cuando las usa un kinesiólogo/fisioterapueta en nosotros? ¿No, verdad? Todo depende de cómo se usan las cosas, no se puede ser tan reduccionista.


Filosóficamente entra la discusión ética de ¿hay otras maneras de enseñar o ayudar a un perro sin incomodidades o estrés porque no hacerlo? Y la respuesta es: por supuesto que si, nadie está negando ese principio, pero no siempre se logra todo con salchichas, y lo que se está discutiendo es la posibilidad y apertura mental de que si en un punto determinado es necesario hacer uso de aversivos para lograr un perro precisamente libre de estrés, más balanceado y un dueño más feliz debe ser permitido sin ser satanizado o incluso penalizado como algunos piden. La vida no es un polo u otro, y en ocasiones necesitamos situaciones incómodas para mejorar y aprender a gestionarlas, ser más resilientes, con nuestros perros no es distinto.


Cuando analizamos las 5 libertades del bienestar animal y se hace referencia y se hace referencia a los puntos:

libre de temor y de angustia

libre de molestias físicas y térmicas

libre de dolor, de lesión y de enfermedad


Se argumenta que al usar métodos o herramientas aversivas estamos yendo en contra de estos principios, pero esto es vago y bien debatible. Un perro puede encontrar angustiante o temeroso otros perros, entonces... ¿no lo paseamos? ¿no dejamos que tenga contacto con otros perros? Si debería estar libre de molestias físicas y térmicas, ¿desde qué perspectiva estamos definiendo molestias? un head halter o arnés de cabeza puede ser tan o igual de molesto que un collar de puntas dependiendo del perro, ¿y los bozales? no hay nada más molesto para un perro que un bozal ¿se prohíben los bozales? la misma correa también podría serlo! si llevamos todo esto hasta sus últimas consecuencias el perro debería estar libre, ¡Es más no deberíamos tener perro, deberían ir y venir a su antojo!


Pero es un pensamiento extremista porque se supone que hacemos todo lo que hacemos para mejorar nuestra relación con nuestros perros y aquellas cosas que los aquejan.


Finalmente es necesario admitir que ciertamente hay argumentos válidos para tener sumo cuidado con el uso de herramientas y estrategias aversivas en el proceso de modificación de conducta de un perro y en la medida de lo posible un adiestrador balanceado intentará trabajar la mayor parte del tiempo de la manera menos invasiva posible. Sin embargo, en aquellos momentos que existan limitaciones debe ser permitido al profesional un uso apropiado de estas herramientas y métodos para lograr un resultado exitoso.


Existen numerosos ejemplos de adiestradores balanceados de alto renombre con resultados increíbles y una ética de trabajo fantástica, ejemplos de ellos pueden mencionarse a Tyler Muto, Michael Ellis, Larry Krohn, Vinnie Somma, Jonas Black, Natalie Dobkins o Blake Rodríguez. Si ud. no conoce estos nombres o no los ha visto trabajar entonces no conoce lo que un adiestrador realmente balanceado representa.


No podemos permitirnos caer en la acusación y la cancelación solo porque sí o porque vaya en contra de nuestra manera de ver el mundo, mucho menos en alentar o hacer campañas para establecer medidas de intervención estatales como prohibiciones o baneos de algo que ni siquiera la ciencia tiene claro, como algunos profesionales de la industria sugieren.


Porque no hay más que le emocione a estas personas que apelar por el aparato coercitivo del estado cuando apoya nuestra visión del mundo, pero estas son medidas de un pensamiento totalitario que además no permite el crecimiento a nadie y que podrían impedir que muchos perros se vean rehabilitados, dejen de ser abandonados o en el peor de los casos eutanasiados.


Es necesario absolutamente considerar al perro pero también a sus dueños y para ello debemos dejar de insistir en que imponer una única visión de las cosas y único método para resolver los problemas.


Román Urrutia.-




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