Mi Historia como dueño de perro

 

Quisiera hacer esta historia interesante así que intentaré ser puntual en aquellas cosas que han relevantes para mí en estos años. 

Soy el mayor de tres hermanos, mi papá muy trabajador y mi mamá dedicada al hogar. De pequeño recuerdo tuvimos varios perros, solo que no eran tan divertidos o entretenidos en ese momento como el Atari o la Nintendo, por lo que eran considerados perros de mi mamá más que de nosotros. 

 

Punky fue el primer perro que recuerdo, era un salchicha negro que nos regaló una familia cuya perrita había sido mamá. En lineas generales lo recuerdo como obediente, mi mamá era firme tanto con nosotros como con Punky. No tuvo una educación con un adiestrador pero era obediente. 

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Punky fue un salchicha negro muy parecido a este. Sumamente inteligente y enérgico.

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Gorky fue un Husky Siberiano, con altísima energía que no lamentablemente no supe en su momento manejar. 

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Este es Loki de cachorro en casa. Lo tuvimos varios años hasta que mi abuela vivió con nosotros. 

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De Punky recuerdo una anécdota que me contó mi mamá, en vacaciones de verano mis papás solían descansar de nosotros enviándonos a casa de unas tías. El perro tenía prohibido pasar a las habitaciones, pero mi mamá encontró que entró cuando no lo veían y había secuestrado de las habitaciones un zapato de cada uno, que puso sobre su cama. Imagino que de haber existido teléfonos con cámara mi mamá nos hubiera enviado una foto del perro durmiendo sobre los tres zapatos. Esta anécdota fue una primera marca que me hizo pensar sobre cómo nos perciben y quieren los perros. 

El segundo perro que tuvimos se llamó Gorky, mi papá le puso el nombre, era un Husky Siberiano que, por gran desconocimiento, teníamos en el patio de la casa. Gorky estuvo poco tiempo con nosotros, lo dimos en adopción porque hacia destrozos grandes en el patio, se comía los guardafangos del auto y cuando se abría el portón se arrancaba y era una tortura buscarlo. Este segundo perro me llevó a pensar que quizás no cualquier perro es para cualquier familia, de haber sido una familia más activa y sacarlo a pasear más seguido quizás no hubiera sido tan complicado. 

Acostumbrados a tener perros en casa decidimos adoptar a Loki, un mestizo de Labrador con Pastor Alemán, yo para esa época estaba en la universidad estudiando psicología, y me encontraba sobre los contenidos de psicología del aprendizaje.

Tener a Loki fue más sencillo porque me preocupé de su educación desde sus inicios, había leído mucho sobre perros y escribí una suerte de manual que compartí con la familia para que todos tratáramos igual al perro. Sin embargo, como se imaginarán, no siempre todos ayuda en la educación del perro. En aquel momento mi abuela, que vivía con nosotros, se encariñó del perro y empezó a darle comidas que no le correspondían, a darle comida de la mano de forma sistemática, a no respetar los límites de espacios que tenía el perro, en fin... al final el perro se acostaba y solo comía si le daban la comida en la boca, se negaba a pasear y empezó a hacer destrozos. Decidí dar en adopción a Loki porque mis papás no me permitían dar en adopción a mi abuela. Lo recibió una amiga que tenía una siembra de cacao y mucho espacio, donde corrió y fue feliz hasta el último día. 

Pase un tiempo sin perros en la casa, hasta que empecé a vivir con mi novia, actual esposa, Tuvimos la oportunidad de adoptar a Toby, un Schnauzer que a sus cuatro meses de edad había pasado por varias varas donde no lo pudieron tener. Toby sería el primer perro bajo mi entera responsabilidad, hice lo que pude a través del aprendizaje de libros y videos pero llegué a un techo muy rápidamente, allí contacté con Rafael Angel de Atención Canina y empezamos el adiestramiento de Toby. Nos fue super bien al punto que Rafael me invitó a formarme como adiestrador con ellos, no era algo que jamás había pensado hasta la fecha, pero me atrajo mucho la idea y allí empezó mi historia como entrenador canino. 

Mi esposa con Toby en su primerísimo día en la casa. Recuerdo que apenas llegó hizo caca en la alfombra de la entrada.

La historia no estaría completa sin mencionar a Uma, ¡La perra más deseada!, le teníamos nombre desde antes que naciera y estuvimos un año pensando el momento perfecto para recibirla. Al final llegó después de unas vacaciones que tuvimos en México y fue educada desde el primer día. Había aprendido de todos mis errores con Toby e intenté no cometerlos con Uma. 

El próximo perrito que tendré seguro de llamará Koji (del anime Mazinger Z) pero aún no están las condiciones dadas para su legada. 

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Uma en una sesión de fotos en Atención Canina. 

 

Mi Historia como psicólogo clínico

Creo que una de mis primeras aproximaciones a algo parecido a la psicología fueron los libros que habían en mi casa sobre para-psicología, mi papá tenía una amplia colección de libros sobre el tarot, radiestesia, lectura de la mano, poder de los cristales y otros similares. Al leerlos me sembró la curiosidad sobre el humano, me preguntaba como piensa, porque hace lo  que hace, que lo motiva y un sinfín de preguntas más. 

De adolescente mi interés se profundizó cuando me llevaron a un taller de "crecimiento personal", que era liderado por un psicólogo, su aproximación crítica e inteligente de las cosas me dejó marcado, recuerdo haber salido de los 3 días de taller diciendo a mis papás que quería ser psicólogo. ¡Quería poder entender la mente!

Decidido en mi elección desde los 13 años aproximadamente entre a estudiar psicología en la Universidad Católica Andrés Bello en Venezuela. El primer año fue muy difícil, ser psicólogo implicaba estudiar biología, filosofía, estadística, sociología y metodología de la investigación, estaba lejos de poder sentarse con otra persona a tratar de entenderla y ayudarla. En más de una oportunidad me cuestioné mi elección ante las dificultades de la carrera, que no fueron pocas, pero siempre conseguía aliento para continuar. Afortunadamente en el 4to año empezaban las prácticas. 

Mi primera práctica de Psicopatología fue en un hospital psiquiátrico, el psiquiatra adjunto conducía una entrevista con una paciente hospitalizada que presentaba una esquizofrenia delirante. Muchos de mis compañeros quedaron en shock, pero yo quedé fascinado por la experiencia y fue en ese momento donde decidí que sería psicólogo clínico.

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Graduación Psicología 2002. 
Universidad Católica Andrés Bello

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En clases con el Dr. Manuel García y la Ps. Tamara González

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Psicólogo clínico, coach organizacional, educador canino, emprendedor.

Egresado de la carrera de Psicología me inscribí en un postgrado de Psicología Clínica en el Hospital Universitario de Caracas, consistió en tres años de formación, el primero como residente en el servicio de hospitalización en psiquiatría, el segundo año como residente en medicina de enlace, atendíamos pacientes hospitalizados de otros servicios médicos y el tercer año consistía en la atención en consulta externa. Aún con ganas de conocer más empecé a estudiar en el Centro de Investigación y Docencia de la Nueva Escuela Lacaniana, estuve tres años allí, luego fui dos años parte del Espacio Clínico de Psicoanálisis Aplicado en donde estudié psicoanálisis de orientación Lacaniana. 

Siempre busqué mezclar la Psicología Clínica con otras áreas del conocimiento, tras formarme como Coach Ontológico estuve trabajando en una consulta como Coach y Coordinador de Evaluaciones en paralelo a mi consulta privada. Al llegar a Chile, después de toda las revalidaciones necesarias, empecé a ejercer en mi práctica privada hasta hoy día. 

El mundo de la psicología ha sido fascinante y de hace unos años empecé a estudiar la psicología de los dueños de perros, logrando una mixtura en mi forma de percibir el trabajo en educación canina que no otros tienen. De vez en cuando es posible verme con un libro de psicoanálisis en las manos el cual sigo estudiando en simultáneo con los temas de educación canina.